6 abril, 2022
Desde el 24 de marzo de 2022, entró en vigencia el nuevo Reglamento de Comercio Electrónico en Chile, impulsado por el Ministerio de Economía. Su objetivo declarado es claro: proteger a los consumidores. ¿Pero a qué costo para las empresas, especialmente las pequeñas y medianas?
Con más del 50% de los reclamos ante el SERNAC en 2021 vinculados al comercio electrónico —en su mayoría por demoras en entregas e incumplimientos contractuales— era urgente establecer reglas claras. Hoy, las empresas deben informar todo, desde la dimensión del producto hasta si tienen stock, pasando por costos detallados de envío y formas de contacto accesibles. Incluso se regula el derecho a retracto, obligando a explicitar si aplica o no.
Aunque el foco en la transparencia es bienvenido y necesario para fortalecer la confianza del consumidor, el reglamento representa un desafío especialmente para las PYMES, que deberán adaptar sus plataformas, invertir en cumplimiento normativo y asumir nuevas cargas administrativas. Para muchas, esto puede significar un costo adicional significativo, en un contexto económico marcado por inflación, baja en el consumo y escasa digitalización en regiones.
El INE estima que solo el 22% de las microempresas venden por internet, lo que indica que aún queda mucho por avanzar en materia de inclusión digital. Normativas como esta, si bien necesarias, deben acompañarse de apoyo estatal y capacitaciones reales, no solo sanciones.
Lo preocupante es que, en vez de fomentar el crecimiento del ecosistema digital chileno, estas medidas, si se aplican sin flexibilidad y gradualidad, pueden inhibir la innovación y ahuyentar a nuevos emprendedores. El equilibrio entre regulación y dinamismo es delicado, y aún no está claro si se ha logrado.
El consumidor merece respeto, pero también lo merece quien emprende. Porque en Chile, donde aún hay más de 2 millones de trabajadores informales (INE, 2023), cada negocio online representa una esperanza. Cuidemos esa llama, sin apagarla con normas que, aunque bien intencionadas, podrían terminar sofocando al comercio digital que tanto prometimos fomentar.
Rodrigo A. Longa T.





